
Yo tengo un corazón de peregrino.
Traslado en cada huella los linderos
del sol, de mi frontera y mi camino,
armado con la cruz de caballero.
Y vago en la añoranza.
Sonrío en la tristeza.
Me cubro de esperanza.
Florezco en la pobreza.
Mi altura está al nivel del mar cansino.
Mi ritmo es la balada y el bolero.
Mi canto es la oración y en mi destino,
palpita un corazón aventurero.
Medito en la bonanza.
Me humillo en la riqueza.
Mi Dios es mi confianza.
Mi honor es mi nobleza.
Hay sangre en mi palabra, ¡soy latino!
Soy bardo y por amor, manso cordero.
Y mi albo corazón, como buen vino…
lo entrego totalmente: ¡a quien yo quiero!.
Enrique Quiroz Castro
Piura- Peru
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